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  • Joel Poblete M.

UN INOLVIDABLE APASIONADO DEL CANTO Santiago "Cucho" Letelier



Además de compartir escenario con prestigiosos intérpretes internacionales desde mediados de los años 40 del siglo pasado, este cantante chileno fallecido a los 93 años desarrolló una notable trayectoria de más de tres décadas integrando el Coro del Teatro Municipal de Santiago. Hace una semana, su partida generó inmediatas demostraciones de cariño y afecto en redes sociales, confirmando que no sólo fue una figura muy importante para la ópera en Chile, sino además y por sobre todo una persona muy querida y admirada para quienes lo conocieron.


Falleció el domingo 26 a los 93 años recientemente cumplidos, y desde que dos días después la noticia se empezó a difundir en redes sociales, quedó claro que el adiós al barítono Santiago Agustín Letelier, más conocido por todos como el "Cucho" Letelier, no sólo entristeció a su familia -su mujer durante 58 años, María Angélica, sus dos hijos, y los nietos y bisnietos- sino además a todos sus amigos y colegas que compartieron con este cantante a lo largo de años y décadas, en particular en el Coro Profesional del Teatro Municipal de Santiago, que integró desde los primeros años del conjunto a principios de la década de los 80 hasta su retiro en 2015, luego de más de tres décadas cantando en todas las temporadas líricas y de conciertos.


Junto a su querido Coro - Foto de Juan Osorio

Cuando se dio a conocer, la partida de Letelier generó una serie de cariñosos mensajes y cálidos recuerdos, y los saludos incluyeron no sólo a sus amigos cantantes y ex compañeros del coro, sino además a directores de orquesta como Alberto Hold-Garrido y Pedro-Pablo Prudencio, régisseurs internacionales como el español Emilio Sagi y el argentino Pablo Maritano ("increíble persona, adorable y entrañable", comentó sobre el fallecido cantante), o también el ex director del área lírica del SODRE en Uruguay, Ariel Cazes, quien en su etapa como cantante participara en algunas óperas en el Municipal ("Don Cucho... un artista entrañable de ese teatro con quien tuve el privilegio de compartir", escribió). Por su parte, la soprano Verónica Villarroel lo recordó como "nuestro querido e inigualable Cuchito", agregando "sé que viviste feliz, siempre nos diste lo mejor de ti" y "serás siempre una inspiración para todos nosotros".


Más allá del innegable cariño, aprecio, respeto y admiración de quienes lo conocieron y compartieron con él, su trayectoria merece ser reseñada. De partida, tenía un hermano a quien le gustaba cantar ópera, lo acompañó a audicionar, pero el que quedó seleccionado al final fue él. Su debut en el Teatro Municipal de Santiago fue en la temporada de 1943, que a estas alturas tiene ribetes casi míticos para los operáticos locales, pues en ella además de músicos chilenos como el director de orquesta Armando Carvajal, intervinieron no sólo relevantes artistas extranjeros que ya se habían presentado en el país en otras ocasiones -como el legendario director Erich Kleiber, el tenor italiano Bruno Landi y el barítono uruguayo Víctor Damiani- sino además figuras internacionales tan reconocidas en esos años como la soprano checa Jarmila Novotna, el bajo-barítono estadounidense Norman Cordon y el célebre tenor danés Lauritz Melchior, una de las eminencias wagnerianas de la primera mitad del siglo XX, quien vino a protagonizar Lohengrin(una de las dos óperas de Wagner programadas en esa temporada, junto a La valquiria).


Imagen de su homenaje en el Teatro Municipal de Santiago

De Melchior eran algunos de los recuerdos más gloriosos que el "Cucho" Letelier contaba a sus colegas más jóvenes, como también de tantas prestigiosas figuras a las que pudo ver en escena, desde Ramón Vinay a Plácido Domingo, entre muchos. Antes de estar en el coro cuando éste se formó profesionalmente desde 1982, no sólo participó en montajes integrando los diversos coros que participaron previamente en las temporadas de ópera sino además le tocó interpretar roles comprimarios junto a importantes artistas de diversos países: por ejemplo, en otra de las temporadas más recordadas históricamente del Municipal, la de 1968, compartió escena con artistas como Sherrill Milnes y Raina Kavaibanska, o en 1978 fue un capitán en el estreno en Chile de Simón Boccanegra protagonizado por el gran Renato Bruson. Con la dirección musical de maestros como Anton Guadagno, Antonio de Almeida, Carlo Felice Cillario y Michelangelo Veltri y con la dirección escénica de cotizados régisseurs como Tito Capobianco, Roberto Oswald y Giuseppe de Tomasi, pudo encarnar personajes como el asesino en Macbeth, el príncipe Yamadori en Madama Butterfly, Morales en Carmen, Marullo en Rigoletto, Luther en Los cuentos de Hoffmann, un monje en La Gioconda y el oficial en El barbero de Sevilla. Y cuando era ya parte del coro, de todos modos siguió interpretando personajes junto a destacados colegas -como por ejemplo en 1992, encarnando al ujier en Rigoletto junto a Matteo Manuguerra- y también en conciertos de difusión y giras.


Fue vendedor de seguros y también desarrolló una atractiva faceta como cantante popular: bajo el seudónimo Hugo Larsen grabó discos e incluso se presentó en programas televisivos. Pero sin duda su gran pasión era la ópera, como lo demostró con su entusiasta desempeño en el Coro del Teatro Municipal, del cual se despidió a fines de la temporada 2015, pocos meses antes de cumplir los 90 años, primero con las últimas dos óperas en que participó en escena -el programa doble Cavalleria rusticana y Pagliacci- y a continuación definitivamente con un concierto, una Carmina Burana en diciembre de ese año. Al comienzo de esa función se le hizo un homenaje, donde fue aplaudido por el público y sus colegas de la Filarmónica de Santiago y el coro además de los solistas de ese concierto -Patricia Cifuentes, Patricio Sabaté y Rodrigo del Pozo- y el director José Luis Domínguez. "Yo entré a este teatro en el año 43. Siempre deseé morirme aquí cantando. Pero estoy viendo que con todo esto, lo que quieren es que me muera aquí", comentó a los presentes en ese momento Letelier con su característico humor.



ALGUNOS RECUERDOS DE QUIENES LO CONOCIERON

El maestro uruguayo Jorge Klastornick, fundador y director del Coro Profesional del Municipal desde su creación en 1982, tiene excelentes recuerdos del cantante, quien originalmente era barítono pero en la agrupación pasó a integrar la cuerda de los bajos. "Para nosotros, "Cucho" o "Cuchito" ha sido una de las personas más importantes en nuestro coro. Era un hombre muy talentoso y de una simpatía extraordinaria. Un artista de gran inteligencia, sobre todo una gran inteligencia musical, de voz hermosa y excelente técnica musical, ambas cosas le permitieron cantar hasta muy avanzada edad y estar en nuestro coro por más de 30 años. Tenía eso que mi principal profesora de canto, la uruguaya Nelly Pacheco, llamaba intuición de cantante, vale decir un cantante que tiene comunicación con su instrumento y un dominio capaz de sortear las dificultades sin que parezcan dificultades. Tenía un fraseo muy expresivo y buena técnica que hacía que todo pareciera fácil".




El "Cucho" no podía pasar desapercibido, no sólo por su simpatía y su voz, sino además por lo escénico, como comenta Klastornick: "Destaco su histrionismo, porque podía improvisar una actuación cantando o hablando, por ejemplo en giras cuando íbamos a probar un escenario antes de la presentación, con o sin micrófono, él se ponía a improvisar un monólogo o canciones de su invención. Tenía ese poder para que con cualquier cosa que hiciera en el escenario atrapaba la atención, era como ese poder que tienen algunos artistas en el cine que se roban la pantalla".


Quien también recuerda a su colega con especial cariño es Carlos Traverso, quien desde 2008 es director del Coro Universidad de Concepción, y antes cantara en las temporadas líricas del Municipal de Santiago desde 1981, primero como parte del Coro Lírico de la Sociedad Chilena Amigos de la Ópera, y luego desde la creación del Coro Profesional del teatro, donde estuvo hasta 2006 y estuvo también en la cuerda de bajos, donde llegaron a ser muy amigos con Letelier. "Cucho para mí no era sólo un compañero de trabajo, tuvimos una relación muy cercana, le tenía un afecto enorme", recuerda. "Nos entendíamos bien, teníamos la confianza suficiente para compartir".

Desde que se conocieron, se llevaron bien, como comenta Traverso: "Cuando se formó el coro del teatro, el Cucho fue de la primera horneada que llegó y para mí que en esos momentos tenía 17 años me llamó la atención que un señor infinitamente mayor integrara el coro, desde la perspectiva de un adolescente, él era un anciano que entraba a trabajar. Pero ni bien tuve más contacto con él, siempre fue una persona tremendamente cálida, muy llana a compartir, de divo jamás tuvo absolutamente nada, hablaba de igual a igual con el más grande de los directores y con el más humilde de los figurantes, o cualquiera que participara en una producción, siempre con la misma calidez, con la misma afectuosidad y disposición a entregar lo que sabía".


Las experiencias y anécdotas que tenía para compartir eran parte del encanto de Letelier, rememora Traverso: "Tenia mucho para contar, había cantado con Domingo, con Vinay, con Kabaivanska, y él lo contaba como si fuera lo más natural del mundo, con una sencillez y una disposición a compartir increíble. Otra cosa que me parecía muy admirable de él, es que siendo que declaraba haber estudiado poco tiempo técnica, ¡cantaba muy bien, pero muy bien! tenía una impostación natural muy buena, bonito timbre, muy lindo color, era una voz linda, con buen volumen y tenía un excelente oído. Fue de los puntales de la cuerda de bajos en el coro, él vocalmente siempre fue un aporte. Cantó todo el repertorio lírico habido y por haber, incluso siendo un hombre maduro, cuando a veces la capacidad de aprendizaje disminuye, el Cucho se las aprendía todas. Lo suyo era cantar. Era un ser tremendamente social. Le gustaba hablar, compartir con la gente. Era mucho más que un colega, era una persona admirable, esa amistad que tuvimos se dio a pesar de los 40 años de diferencia que teníamos, porque la edad nunca fue un obstáculo"


Quien también desarrolló una bonita amistad con el cantante más allá de los años que los distanciaban, fue la soprano Paola Rodríguez, que desde 1995 integra el coro del Municipal y también lo recuerda con mucho cariño: "La verdad es que el Cucho, junto con Sergio Bustamante, fueron las personas que mejor me recibieron cuando llegué al coro. Creo que la pasión es lo que define la personalidad del Cucho. Todo era pasión para él, en todas sus formas: así como era alegre y apasionado por la música, cuando se enojaba, era un huracán, ¡tenía su genio! Amaba su trabajo, amaba la ópera, estar en el escenario para él era fantástico. ¡Imagínate que a los 16 años se arrancaba del colegio para irse al teatro! Incluso los últimos años que estuvo en el coro, cuando ya tenía más de 80 años, era feliz cuando llegaba al trabajo de escenario, que a veces son días largos, jornadas de 3 a 6, de 7 a 9, ¡¡¡y él igual feliz!!!" Al igual que las otras personas con las que conversamos para esta nota, Paola resalta entre lo que hacía más especial a Letelier, el humor y las anécdotas y recuerdos que compartía: "Su humor era genial, era capaz de reírse de sí mismo. Nos reíamos muchísimo, eramos capaces de reírnos de las estupideces más grandes, de cosas muy tontas. Trabajar con el Cucho era súper educativo, por decirlo de alguna manera, sus anécdotas eran infinitas. Hablaba con la misma pasión de los grandes cantantes que había conocido, como de sus compañeros".





Quien también a pesar de la diferencia de edad logró ser muy cercano al cantante fue el barítono Patricio Álvarez, quien integra oficialmente el coro del Municipal desde 2011, pero ya conoció y se llevó muy bien con Letelier desde que en 2004 comenzó a cantar en las temporadas del teatro en apoyo y suplencia para algunas óperas y conciertos. "Desde el principio fue cercano a mí. El Cucho era muy cariñoso, una persona cercana, preocupado de uno, siempre llevaba alegría en los ensayos y tenia mucha energía, era bueno para la talla. Siempre me sorprendió su memoria, era impresionante cómo se acordaba de todo lo que vivió, por eso también me gustaba hablar con él para que contara sus experiencias con cantantes como Melchior y Vinay".


Especialmente fanático de Verdi, el cantante mantuvo un excelente estado vocal hasta sus últimos años, como recuerda Álvarez: "Siempre fue barítono, por la edad fue quedando más en el registro bajo, pero su timbre era más baritonal. Vocalmente estaba muy bien hasta sus últimos años, si no fuera porque sus problemas bronquiales lo complicaban en épocas invernales o porque algunas producciones con escenografías en pendiente lo cansaban más, pudo haber seguido cantando muchos años más".


Justamente esa longevidad vocal y física es otro de los aspectos que resalta Carlos Traverso: "Era inmensamente feliz en el teatro. Se retiró por cansancio físico, con casi 90 años no era fácil desplazarse o resistir la duración de los ensayos. Él siempre decía que ojalá pudiera irse como el barítono Leonard Warren, con los pies por delante. Era su sueño, pero no se cumplió, y eso que vivió incluso más de lo que él creía. Sus hermanos murieron muy jóvenes, 40, 50, 60 años cuando mucho, él nunca se proyectó llegar a la ancianidad, vivía el día a día. Poder quedarse en el teatro por tantos años, para él fue una bendición".


La experiencia de Letelier le permitía además ser un gran aporte en entrega de conocimiento, más allá de las anécdotas e historias, explica Traverso: "Además de ser excelente cantante, muy buen amigo y muy solidario, era muy crítico también. Era muy inteligente, tenía mucha opinión, y mucha experiencia como para respaldar sus opiniones. Daba consejos, en el caso de los cantantes era muy claro si es que alguien le gustaba o no le gustaba, y siempre compartía mucho lo que sabía". Klastornick también destaca esta cualidad: "Yo personalmente tenía muy en cuenta sus observaciones, a veces después del ensayo se acercaba, o en el intermedio... me decía por ejemplo, "maestro acá en estos dos compases pasa esto..." y yo sabía que si el Cucho decía que algo era complicado o había una dificultad, era por algo". Y Paola Rodríguez fue una de las cantantes a las que Letelier alentó en su carrera: "Cuando yo hacía roles comprimarios, él siempre me daba mucho ánimo, me decía que audicionara, era una persona que motivaba mucho a la gente joven para que siguiera adelante respecto al canto".



Según todos resaltan, el recuerdo y el legado del cantante no se olvidará en el coro. "Destaco especialmente la vocación por lo que hacía, un profesionalismo absoluto, nunca faltaba, nunca llegaba tarde", comenta Klastornick; "estábamos acostumbrados a su presencia en el coro, desde que se retiró lo extrañábamos, de hecho cada cierto tiempo iba a visitarnos". Traverso agrega: "Estoy muy triste por su partida. Fue un monumento del coro y tuvo una participación muy relevante en la historia de la ópera en Chile, en el Municipal en particular. Un rol siempre discreto, en segunda línea, pero siempre ahí. Lo vamos a echar de menos, porque además pocas personas eran tan coherentes como él. Disfrutaba la música, no iba sólo a trabajar, sino a entretenerse. Y eso es algo que escasea mucho, en la medida que se profesionaliza, se pierde la mística e incluso el goce. Y el Cucho nunca perdió eso".


Paola Rodríguez concuerda: "Su presencia era parte de lo que hace que nuestro trabajo tenga algo de mística. Él era parte de esa mística. Soy una agradecida de haberlo conocido, de que estuviera en mi vida". Y luego de conversar con todos estos artistas sobre el "Cucho" Letelier, cobran mucho sentido otras palabras que Verónica Villarroel dejó como condolencias en redes sociales: "Cuánto amor nos diste y qué feliz eras cantando. Estás en nuestra historia, en nuestras vidas y en el escenario para siempre".

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