José Maria Lo Monaco, la Cenerentola del Municipal de Santiago

August 21, 2017

Conversamos con Josè Maria Lo Monaco, ascendente mezzosoprano italiana con más de una década de carrera artística, siendo protagonista en producciones en teatros tan prestigiosos como la Scala de Milán, Ópera de Roma, además de los Festivales en Aix-en-Provence y Pesaro. En este último lugar, ciudad natal de Gioachino Rossini, cuna de muchos de los cantantes más activos en la actualidad, Josè Maria debutó. Lo hizo en 2006 en "Il viaggio a Reims", ópera que todos los años interpretan jóvenes de la Accademia Rossiniana. En esa oportunidad, interpretó a Melibea, la marquesa polaca. Desde ese momento, su carrera ha ido escalando poco a poco, pero con pasos seguros, dando muestras de su preparación vocal y musical.
 

La conversación con ella fue franca y muy agradable, recorrimos algunos de los hitos de sus más de 10 años como profesional, así como su largo periodo de estudio previo a convertirse en una cantante profesional, presente en diferentes teatros del mundo. En estos días Josè Maria interpreta Angelina en "La Cenerentola" de G. Rossini en el Teatro Municipal de Santiago. La producción es del fallecido franco-argentino Jérôme Savary.

 

 

- José María, ¿cómo te has sentido en Santiago? Creo que es tu primera experiencia en Sudamérica.

Sí. El lugar más al sur que conocía antes de venir aquí era México. Desde mi llegada al aeropuerto he encontrado chilenos realmente estupendos. En particular, en el Teatro Municipal he encontrado una familia, todos han sido muy gentiles. Personas del coro, orquesta, administrativos y tramoyas preguntan como estás, cuentan de donde vienen, algunos hablan de sus viajes a Italia o te hacen un elogio.


Una de las suertes de este trabajo es encontrar gente linda y amable. Soy una persona que se encuentra cómoda con todos, me adapto obviamente, pero también lo hago en la vida privada.


Hablando de Santiago, lamentablemente no he podido recorrer mucho la ciudad, porque es invierno y yo vengo del sol de Sicilia. El impacto al llegar aquí, en esta estación del año, fue duro, por lo que para cuidar mi salud he recorrido poco la ciudad. He tenido la suerte de encontrar colegas fantásticos y que ahora puedo llamar amigos. No sólo los extranjeros, si no que también los chilenos como Ricardo Seguel, las "hermanas" Marcela González y Yaritza Véliz y la gente del otro elenco donde hay hermosas voces y talentos extraordinarios, a nivel musical y escénico. En todo esto, nuestra Frédérique Lombart que hace la reposición de esta puesta en escena bellísima de Jérôme Savary, que toma elementos de fábula y magia en escena, ha sido de gran ayuda, profesional y humanamente.


Hemos compartido muchos almuerzos, comidas, así como también muchísimos ensayos. Espero tener tiempo para ir a la montaña y ver la maravilla que tienen aquí.

 

 

- La profesión de cantante lírico tiene muchos aspectos positivos, como conocer distintos lugares del mundo. Pero también exige sacrificios, como renunciar a encuentros sociales, salidas nocturnas. ¿Cómo has podido manejar estas situaciones, siendo que eres joven?

Sinceramente estas renuncias empezaron incluso antes de ser cantante. A los diez años ya estaba en el conservatorio realizando estudios de piano. Obviamente me gustaba cantar, en la escuela lo hacía, pero mis padres me inscribieron para que estudiara piano, ya que desde niña tocaba de oídas. Ahí, existía como materia complementaria canto coral. En esa clase se dieron cuenta que tenía voz y me ofrecieron cantar como solista algunas obras, lo que me empujó a estudiar canto lírico.  Es así como, siendo niña, debía estar cinco u ocho horas sentada frente al piano, mientras mis amigas hacían danza, jugaban voleibol, iban a bailar, etc.

 

Cuando llegué al quinto año de estudio, momento en el que se debe dar un gran examen, estaba cansada de estas renuncias, pero me dije que era una lástima botar a la basura tantas horas de trabajo, que estaban dando frutos, porque había aprobado todos los exámenes. La fuerza de voluntad me hizo continuar, no quería renunciar a lo que ya había hecho. Nunca pude tener esos tres meses de vacaciones de verano que tienen los jóvenes, porque debía dar siempre exámenes, ya de sea solfeo, historia de la música, armonía. Siempre estaba ocupada, aun en verano. Pero estos estudios me fueron de gran ayuda, me diplomé, lo que hizo que mi paso al canto se diera de manera natural.

 

Hablando de la vida de cantante, sí hay muchas renuncias. Cuando fui a vivir a Milán, a los 20 años, me movía sólo entre la escuela y la casa, quería demostrar a mis padres, que me pagaban el arriendo y las lecciones de canto, que podía llegar a ser una profesional. Estaba sola en Milán y pude haber hecho lo que quise, pero me concentré en los estudios. Hice amistades con gente que estudiaba conmigo y no existían las noches donde tomas frío o te acuestas tarde.

 

Ahora siempre ando con una bufanda en mi cartera, aun en verano y estoy atenta al aire acondicionado.

"Et misericordia" (Bach) con A.Pappano y P. Fanale

 

 

- Hace poco cantaste "La Cenerentola" en Florencia, en el hermoso Palacio Pitti. ¿Podrías contarnos cómo fue esa experiencia?

 

Dentro del Palazzo Pitti hay un claustro donde construyeron un escenario grande, cerrado por cuatro paredes, pero al aire libre. Fue sugestivo cantar con las estrellas y el cielo. Lo único malo es que algunos matices de la voz y la proyección de ésta se perdían o no se podían manejar de la misma forma que en un lugar cerrado. Pero era una producción muy linda. Además, cuando hago Cenerentola siempre me divierto, porque es un rol que me gusta mucho. En realidad, me sucede con todos los roles que canto; me apasiono tanto que los amo desde la primera a la última nota. Angelina, en "La Cenerentola", fue mi primer gran rol rossiniano y probablemente el que más he cantado. Tengo mucho que agradecer a esta ópera y a Rossini general, porque mi primera gran vitrina fue Pesaro.
 

 

- Tú estudiaste ahí...

 
Sí, estuve en la Accademia de Pesaro el 2005. Antes de participar en ella no sabía lo que significaba, ni lo que era. La idea de inscribirme me fue sugerida por mi maestra, Bianca Casoni y mi pianista Giulio Zappa, quien lleva años trabajando ahí.

Ingresé luego de una audición, siendo seleccionada no sólo como oyente, sino que como alumna efectiva. No tenía demasiados deseos de asistir; por entonces yo estudiaba en Milán y la Accademia se realiza en verano. Para mí esa estación del año significaba volver a mi tierra, la Sicilia, estar con mi familia y novio, quien actualmente es mi marido. Finalmente, me decidí por ir a Pesaro, lo que ha sido una de las mejores decisiones que he tomado en mi vida. Fue una cosa muy útil y a la vez linda. Ahí conocí al maestro Zedda, un encuentro especial, porque desde el primer día me impresionó. Cada cosa que decía era un descubrimiento, e incluso, algunas cosas que ya creía saber, en sus labios era como si las descubriera. La pasión que metía era impresionante, aunque ya estaba anciano, su energía era increíble. Incluso cuando ponía, en cierta forma, a competir a sus alumnos, lo hacía con el fin de que mejoráramos en nuestro aprendizaje. Ahí hice algunas amistades que duran en el tiempo, como mi amiga soprano Barbara Bargnesi, que estuvo presente en mi matrimonio y Maxim Mironov, con el cual me ha tocado cantar en varias ocasiones. Él fue el Conde de Libenskof en mi primer viaje a Reims y estuvo conmigo la primera vez que canté "La Cenerentola". También, hace pocos años estuvimos en Pesaro haciendo "La Gazzetta". 

Pero, mi verdadera vitrina fue "La italiana en Argel" que hicimos en Pesaro en 2006. Ahí realicé un rol algo menor: Zulma, pero esta producción me llevó a encontrar una agencia, que obviamente es muy importante para cantar y, además, hacerme de una cierta fama.


Luego he vuelto al Rossini Opera Festival, actuando en "La scala di seta" y la ya menciona Gazzetta, todas producciones muy divertidas. El tiempo que se pasa ahí siempre es hermoso: estás con tus colegas en una situación poco normal; mar, verano. Muchos de esos colegas son amigos con los que ya he trabajado. Además, existe la posibilidad de ver tres óperas, y conciertos de belcanto. Para quien ama este tipo de música y para quien la hace, es un momento para disfrutar como espectador de lo que hacen los otros. Un lindo periodo para estar en un festival importante.

 


- Supimos que hiciste una Carmen en Australia, en un escenario sobre el mar. ¿Podrías contarnos de esta experiencia?

Sí, hace algunos meses. Una vez al año, la Opera House de Sydney hace una producción al aire libre. Construye un escenario sobre el agua, con una vista maravillosa. Tres mil personas por noche, en 26 funciones, de las cuales canté la mitad. ¡Un montón de gente que viene de todo el mundo! Un lugar precioso de madera, camarines bajo el escenario, sobre el mar con la bahía y el teatro de fondo. Incluso la orquesta estaba también bajo el escenario.


- Luego de tu experiencia acá en Santiago, ¿cuáles son tus proyectos futuros?

Tengo un par de conciertos en septiembre, con música siciliana, luego iré a Liege, en Bélgica donde debutaré el rol de Adalgisa en la "Norma" de Bellini. Un debut que espero contenta y que estoy estudiando con ahínco. Bellini además nació en mi ciudad, Catania. Rossini y Bellini, pese a ser ambos belcanto, no son para nada la misma cosa, el segundo necesita un legato amplio, sin un gran apoyo orquestal. He cantado Bellini, pero no demasiado, ya sea porque no me han llamado o porque no me sentía aún lista. En este tiempo he puesto mi energía y profesionalidad en el estudio de la partitura de Norma. 


Luego, cantaré el rol de Isolier en "Le Comte Ory" de Rossini, ópera que ya canté en la Scala con Juan Diego Flórez y Alessandra Kurzak. Otra gran experiencia porque cantar en la Scala, desde que era estudiante de canto, era un sueño. En mis años de estudiante en Milán, la Scala era un lugar que parecía inalcanzable, con mis amigas nos sacábamos fotos pensando que algún día podríamos cantar, ahí como un sueño lejano. 


- Cuéntanos cómo es trabajar con la también mezzosoprano Bianca Maria Casoni, tu maestra.

Mi maestra respeta mucho el mundo del trabajo. Ella, en cambio, es del mundo de la enseñanza. No era una persona que tuviera contactos, pero me dio muchos consejos realmente útiles. Cuando la conocí, me encantó de inmediato como persona, por su manera de ser y creo que yo también le gusté porque dijo que tenía una hermosa voz, de un color particular. Ella fue la que me dijo que dejara de viajar tanto a Sicilia desde Milán. Que valía la pena mudarse al norte, porque cuando volvía de Catania perdía parte de lo que había ganado trabajando, porque en mi ciudad no tenía la constancia necesaria. Todo lo que se me ofrecía hacer se lo preguntaba a ella. Incluso hubo cosas que no hice por consejo suyo, pero creo que estuvo bien y le estoy muy agradecida. Una gran cantante, que siempre enseñaba de pie, metiendo mucha pasión en lo que hacía, dando ejemplos y haciendo gestos para hacerte entender lo que que quería explicar. Para mí es como una segunda madre, la mujer con que he pasado más tiempo fuera de mi familia. Cuando puedo vuelvo a estudiar con ella, poco por mis viajes, pero necesito cada cierto tiempo hacer una especie de "afinamiento" como se hace con los autos, es decir que te escuche un oído externo, entrenado, que te conozca. Es una gran suerte haber tenido una sola maestra y que lo siga siendo hasta hoy, porque es algo que no sucede a todos. 

 


Nacqui all'affanno...Non più mesta - La Cenerentola

 

 

¿Cómo crees que se irá desarrollando tu voz en el futuro? ¿Piensas agregar roles distintos a los que estás acostumbrada?

No lo sé, han sucedido cosas que sin que yo lo pidiera o lo pensara de antemano, cantar Carmen por ejemplo. Mi primera Carmen fue en Lyon, Francia, con los diálogos hablados que muchas veces no se hacen. Un lindo desafio con una puesta en escena muy particular de Olivier Py, ambientada en un night club.

Me gustaría hacer más Mozart. Es un autor que respeto mucho, que parece fácil de cantar, pero no lo es. Me gustaría cantar roles como Idamante en "Idomeneo", Sesto en "La Clemenza de Tito". No son óperas que se hagan demasiado, pero se hacen. Otro sueño es hacer Donna Elvira en ·Don Giovanni·.


Me gustaría también hacer Sara en el "Roberto Devereux" de Donizetti, porque ya hice Elisabetta en "Maria Stuarda" y Giovanna en "Anna Bolena". Y volver a cantar el "Werther" de Massenet que hace poco hice en Bologna, una ópera maravillosa.

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